13 jul. 2016

El epítome de la excelencia


En la vida, es difícil ponerse de acuerdo. Todos tenemos nuestras preferencias: ya sean trivialidades, como gustos de helado, o temas de mayor 'seriedad', como ideologías políticas, cuesta encontrar lugares de común entendimiento. En el deporte -más cerca de la categoría "trivialidad", por más que a veces no parezca- el debate es una necesidad vital.

Si todos los periodistas gráficos, cronistas radiales o panelistas televisivos opinaran de igual forma, el deporte perdería su cualidad emocional y sorpresiva, que despierta tantas pasiones similares en personas de distintas razas y nacionalidades. Acá es donde debería aclarar que no todas las opiniones están basadas en argumentos válidos, pero imaginemos por un minuto que todos entendemos la colosal estupidez que representa (por ejemplo) afirmar que la Selección Argentina de fútbol juega mejor sin Lionel Messi.

Entonces, va de nuevo. En este contexto tan complejo, con Twitter al alcance de la mano y con ochentamil páginas web que deben ofrecer contenido durante las 24 horas del día -a veces, sin importar la calidad de dicho contenido- todo punto de análisis parecería ser debatible.

Sin embargo, todavía existen algunas anomalías. Equipos, jugadores o dirigentes, que mantuvieron su status a lo largo del tiempo, generando una admiración universal tan irrefutable que ni el más rebuscado de la tribu de bocones se atrevería a cuestionarlos. Esta semana, el deporte se despidió de una de las anomalías más singulares que se hayan visto: Timothy Theodore Duncan.


No hace falta que les enumere las estadísticas que depositan a Duncan como uno de los mejores jugadores que alguna vez pisaron una cancha de básquet. Ponganle el mote que quieran: 'Mejor Ala-Pivot en la historia", "Top 5, top 10 en la historia de la NBA", da más o menos lo mismo (personalmente, dependiendo de cómo me levante, Duncan está 2do o 3ero en mi lista, detrás de Jordan y -algunos días- detrás de Kareem Abdul-Jabbar).

El punto es que el 21 de los Spurs logró, sin quererlo, lo que cualquier atleta desea: el consenso de la prensa y los aficionados del básquet. Pero hay algo más. Reconocer y elogiar su talento y sus logros dentro del parquet es quedarse corto a la hora de hablar de Duncan.

5 anillos, 3 MVP's en las Finales, 2 MVP's en temporada regular y cualquier cantidad de récords en cuanto a porcentaje y total de victorias ubican al nacido en Islas Vírgenes en la verdadera élite de la NBA. Que todos estos reconocimientos hayan ocurrido en una misma franquicia lo convierten en una rareza aún más difícil de encontrar (Abdul-Jabbar consiguió uno de sus seis anillos en Milwaukee Bucks y hasta MJ jugó un par de temporadas en Washington Wizards). Y, por último en orden aunque no en importancia, su carácter lo define como un profesional consumado. El diamante más preciado dentro de la joyería más exclusiva.

Me da vergüenza utilizar mis propias palabras para describir a Tim Duncan. No hay que mirar demasiado lejos, tampoco: la rueda de prensa de Gregg Popovich, único entrenador que conoció Duncan en toda su carrera, ilustra a la perfección los valores que ambos sostuvieron durante dos décadas:


"Es la persona más consistentemente genuina que conocí en mi vida. Ha sido el mejor compañero que un jugador puede pedir. Hemos conseguido muchos logros simplemente por el ambiente que él creó. Nunca se quejó de nada, siempre llegó temprano y se fue tarde. Estuvo presente para cualquier persona que necesitó de su ayuda. Por todas esas cualidades, es irremplazable". Pop, quebrado como nunca, lo cuenta como nadie más puede.

Qué decir de alguien que, siendo universalmente reconocido como una leyenda, se retira sin emitir una palabra. Kobe Bryant se arrastró durante 82 partidos, recibiendo (merecidos) elogios en todas los estadios y cerrando su brillante carrera con miles de cámaras apuntándolo. Está perfecto. Kobe, otro monstruo del deporte, se ganó el final que siempre quiso. Duncan -de nuevo, sin quererlo- le puso un moño poético a 19 años de altruismo, sacrifico, títulos, exigencia, nobleza y competencia.

Para la ciudad de San Antonio, su silencioso prócer y el atleta más importante de su historia. Para la NBA, el ícono de una generación que ostentó a Bryant, Shaquille O'Neal, Kevin Garnett, Dirk Nowitzki, Jason Kidd, nuestro amado Manu y tantos otros. Para el deporte, el principal responsable del período más exitoso para cualquier equipo, en cualquier disciplina. Para mí, el epítome de la excelencia. Gracias por todo, Timmy. Te quiero muchísimo.


11 may. 2016

¿Qué carajo hago?

Mira, siendo brutalmente sincero, no tengo ni idea de como me siento. Ni la menor. Tengo la sensación de haberme sentido de manera similar en algún otro momento de mi vida, pero no puedo dar fe de ello. Con lo que me costó escribir esas primeras tres líneas, no me puedo imaginar la cantidad de estupideces que me quedan por sacarme de encima. Evidentemente, para eso vine.

Algo que sé: Oklahoma City Thunder está a un partido de eliminar a San Antonio Spurs de los Playoffs, lo cual -muy probablemente- significaría el fin de la carrera de Manu Ginóbili en la NBA. Me es imposible explicar con palabras (o acciones, o cualquier tipo de gesto) la tristeza que la última parte de la oración anterior me genera. 


Soy consciente de que, aún si los Spurs dan vuelta la serie, tranquilamente podrían perder con Golden State Warriors, uno de los mejores equipos en la historia del básquet. También entiendo que, de darse el segundo milagro, las Finales de la NBA representarían los últimos partidos de Manu en San Antonio. En síntesis: el quilombo que tengo ahora, en algún momento y de alguna manera, lo voy a tener de nuevo. Puta madre.


Encima, para hacerlo más complicado, lo último de Manu en la NBA no significaría lo último de Manu. Seguramente, para varias personas, el hecho de saber que va a estar en Río le quita dramatismo a lo que ocurra con los Spurs. Bueno, mejor que gane, pero si se queda arafue no pasa nada, total lo vemos en los Juegos Olímpicos. Un razonamiento completamente válido, sólo que no es mi caso.


Que se entienda: de todos los combinados nacionales, el seleccionado de básquet es con el cual me siento más identificado. He llorado y, definitivamente en agosto voy a llorar, por la Selección. Pero Manu está en un plano superior. Es, creo yo, el último verdadero ídolo que me queda en el mundo del deporte. La frase es moneda corriente dentro del periodismo deportivo. "A medida que vas creciendo en la profesión, vas dejando de lado tu parte de hincha". En lineas generales, es cierta. Gracias a Manu, los Spurs se convirtieron en mi equipo. 


Suelo decir que soy hincha gracias a Ginóbili, pero hoy no soy hincha sólo por Ginóbili. Desearía no tener que poner a prueba dicha afirmación, porque sinceramente no se cual sería mi reacción. No todo se puede en la vida. Por ahora, lo único que me queda es aguantar. Sufrir un partido más, como si fuera el último, con la esperanza de que no lo sea. 

30 abr. 2016

Spurs-Thunder III: El miedo viene de regalo

Hace apenas dos semanas, Golden State Warriors estableció la mejor temporada regular en la historia de la NBA. Con un récord de 73 victorias contra 9 derrotas, los Warriors limpiaron a Michael Jordan y sus Chicago Bulls de 1995/96, quebrando un récord destinado a sostenerse por varias décadas más.

Lógicamente, a la hora de nombrar un candidato, la elección fue Golden State. Hoy, con los Playoffs ya comenzados, la pelea por el título pende de una rodilla. Stephen Curry, MVP de la temporada pasada (que, salvo que los votantes no hayan tenido acceso a la televisión, internet, diarios y/o radio, también lo será en ésta temporada), sufrió un desgarro en la serie de Primera Ronda ante Houston Rockets.

En el mejor de los casos, Curry -un jugador tan decisivo que cambia los paradigmas del básquetbol actual- se perdería los primeros cuatro partidos de las Semifinales de Conferencia, ante Portland Trail Blazers. Si el base logra retornar en tiempo y forma, los Warriors también retornarán a su perfil de candidato máximo. De ocurrir lo contrario, el ganador de la otra Semifinal del Oeste asumirá dicho rol.

Esto no es Ali-Frazier. Ellos ya tuvieron sus peleas. Esto es San Antonio Spurs vs Oklahoma City Thunder, en el tercer (y, probablemente para un par, final) round:

OKC

Han pasado casi cuatro años desde que San Antonio y Oklahoma City se vieron las caras por primera vez, en aquella Final de Conferencia de 2012 (victoria del Thunder por 4-2). Si bien el ethos de ambos conjuntos sigue siendo el mismo, cuatro años en la NBA es una eternidad y cada uno ha sufrido modificaciones, tanto sus planteles como en ciertas facetas de sus esquemas de juego.

Año tras año, el Thunder sigue dependiendo pura y exclusivamente de Kevin Durant y Russell Westbrook. Desde el canje que envió a James Harden -presente en 2012 pero ausente en 2014, cuando los Spurs se tomaron revancha en la Final de Conferencia (también en seis juegos)- a Houston, ningún jugador de OKC ha logrado tener éxito en el rol del barbudo.

Westbrook y Durant van a tener la bola en sus manos. Eso nunca va a cambiar. Harden era extremadamente valioso porque sabía cómo capitalizar los momentos en los cuales una (o dos) de las dos mega-estrellas iba al banco para mantener al equipo a flote. Sin un tercer dominador de pelota, las defensas pueden enfocar su atención enteramente en Durant y Westbrook.

Dallas, defiendo como si Roberson ni existiese

Una de las principales virtudes de este equipo es su capacidad rebotera. Steven Adams y Serge Ibaka constituyen una gran pareja de internos. Enes Kanter es una máquina que suma puntos y rebotes desde el banco (por más que odie su estilo de juego y que no pueda defender a nadie). El problema, antes para Scott Brooks y hoy para Billy Donovan, es que Oklahoma City no puede encajar un quinteto que tenga sentido en todas las áreas.

Westbrook, Durant, Ibaka y uno entre Adams/Kanter. Ahí tenemos cuatro. Dos excelentes jugadores y dos complementos de gran nivel. Dion Waiters, Kyle Singler, Randy Foye, Andre Roberson, Cameron Payne y Anthony Morrow son los hombres de relleno, todos con deficiencias fácilmente explotables.

SAS

Contrario a su rival de turno, los Spurs han sabido adaptarse a sus necesidades, mezclando dos estilos opuestos en la era Gregg Popovich/Tim Duncan. Desde 1997 hasta 2010/11, en San Antonio se jugaba, básicamente, a defender con uñas y dientes, recuperar la posesión bajo cualquier concepto y darle la pelota a Duncan en el poste bajo. Un día, Popovich decidió patear el tablero y darle rienda suelta a Tony Parker.

El base francés funcionó como la cabeza de serpiente de un formidable esquema ofensivo, basado en un incesante movimiento colectivo, un constante movimiento de balón y un volumen y eficiencia en tiros de tres puntos. No debería hacer falta remarcar que los Spurs siguieron ganando, sin importar el año o el sistema de juego particular.

Para la versión 2015/16 de esta franquicia, Popovich ha intentado extraer partes de estos dos grandes conceptos de ataque y defensa e instaurarlos en un plantel que, por primera vez dos décadas, no tiene como líderes a Duncan, Parker o Manu Ginóbili.

Es cierto: una de las ventajas que posee San Antonio sobre su rival es la versatilidad de su plantilla, sabiendo que, en cualquier partido, un jugador de rol puede exceder las expectativas puestas sobre él. Dicho esto, Kawhi Leonard y LaMarcus Aldridge serán quienes -mayormente- determinen el futuro de este equipo.


Leonard es el vivo ejemplo de un talento que ha utilizado cada minuto en cancha (y fuera de ella) para crecer y expandir sus habilidades. El alero pasó de ser un especialista en defensa a un terror en ataque, convirtiéndose en el basquetbolista más completo de la NBA. En LA era “triplera”, Aldridge es un extraterrestre, ya que su área de confort reside entre la pintura y la línea de tres puntos.

El cruce

A grandes rasgos, esta serie es un choque de estilos opuestos. No es algo nuevo; lo mismo ha sucedido cada vez que se han enfrentado estos dos equipos. Sea por temporada regular o en sus dos duelos de Playoffs, los Spurs-Thunder suelen ser tan previsibles como intensamente emocionantes.

Siempre que Oklahoma City salga a la cancha, lo hará con dos de los mejores tres jugadores que pisen el parquet ese día. Tal es el lujo de contar con Durant y Westbrook (dos de los mejores siete jugadores de la NBA, en mi estima) en el mismo equipo.

Sin embargo, los Spurs pueden, al menos, ofrecer más resistencia que la mayoría. En Leonard y Danny Green, San Antonio tiene un par de defensores espectaculares, capaces de intercambiar marcas entre sí, factor clave en las jugadas que involucren a Durant cortinando para Westbrook (o viceversa).


El base de OKC no es un humano. Por más que Green, Parker o Patty Mills intente contenerlo, Westbrook va a lograr quebrar la defensa de San Antonio. Duncan, todavía un excelente protector del aro, servirá como la última línea y Aldridge, capaz de emparejarse (por momentos) con jugadores más rápidos que él, significa otra barrera que el Thunder deberá cruzar.

De todas formas, tal como lo hizo Dallas en la foto anterior, la atención de los Spurs estará fijada en las dos superestrellas, invitando a que Ibaka, Kanter y Roberson (entre otros) lancen tiros de media distancia. Esta estrategia también se aplicará para Westbrook, uno de los peores tripleros si se tiene en cuenta la cantidad de tiros que toma. Tirá tranquilo, Russ.

Leonard, completamente ignorando a Westbrook, invitando a que el base de OKC tire el triple

Todo lo que puedan aportar Kanter y Waiters desde el banco no se compara con el arsenal que tiene Popovich a su disposición. El trío de Ginóbili/Mills/Boris Diaw, acompañado de David West y un quinto hombre (generalmente, Leonard o Kyle Anderson) conforma la alineación que mejor representa ese movimiento de balón y de jugador que liquidó a Miami Heat en las Finales de 2014.

Y cuidado con el gigante Boban Marjanovic, hasta aquí utilizado únicamente cuando el encuentro ya está definido. “El Feo” (cariñosamente) podría tener una posibilidad real de impactar la serie, emparejado con Kanter, en un duelo de ‘apariencias’ como nunca se ha visto en el deporte.

Prediction Time

Más allá de mis miedos personales (ya que, tranquilamente, esta podría ser la última serie de Manu en la NBA), la capacidad atlética de Oklahoma City asusta a cualquier rival. Casualmente, los Spurs no se caracterizan por su frenesí, aunque en los últimos años han encontrado jugadores -Leonard, Green, Mills y hasta Jonathon Simmons- que pueden adaptarse a un ritmo de juego frenético.

Por donde se la mire, la temporada regular de San Antonio ha sido absolutamente brillante. De no ser por los Warriors, se hubiese hecho más revuelo sobre lo hecho por los Silver&Black. Aunque, claro, ellos lo prefieren así. Este es un equipo con las herramientas para ganarle a cualquiera.

Obviamente, una noche inspirada de Durant y Westbrook alcanza para ganar un partido y complicar las cosas. Aun así, creo que las variantes que ofrecen los Spurs, tanto en ataque como defensa, más una ventaja de localía importante -sólo perdieron un partido- pondrá a los hombres de Popovich en las Finales del Oeste. Spurs 4-3.