30 abr 2016

Spurs-Thunder III: El miedo viene de regalo

Hace apenas dos semanas, Golden State Warriors estableció la mejor temporada regular en la historia de la NBA. Con un récord de 73 victorias contra 9 derrotas, los Warriors limpiaron a Michael Jordan y sus Chicago Bulls de 1995/96, quebrando un récord destinado a sostenerse por varias décadas más.

Lógicamente, a la hora de nombrar un candidato, la elección fue Golden State. Hoy, con los Playoffs ya comenzados, la pelea por el título pende de una rodilla. Stephen Curry, MVP de la temporada pasada (que, salvo que los votantes no hayan tenido acceso a la televisión, internet, diarios y/o radio, también lo será en ésta temporada), sufrió un desgarro en la serie de Primera Ronda ante Houston Rockets.

En el mejor de los casos, Curry -un jugador tan decisivo que cambia los paradigmas del básquetbol actual- se perdería los primeros cuatro partidos de las Semifinales de Conferencia, ante Portland Trail Blazers. Si el base logra retornar en tiempo y forma, los Warriors también retornarán a su perfil de candidato máximo. De ocurrir lo contrario, el ganador de la otra Semifinal del Oeste asumirá dicho rol.

Esto no es Ali-Frazier. Ellos ya tuvieron sus peleas. Esto es San Antonio Spurs vs Oklahoma City Thunder, en el tercer (y, probablemente para un par, final) round:

OKC

Han pasado casi cuatro años desde que San Antonio y Oklahoma City se vieron las caras por primera vez, en aquella Final de Conferencia de 2012 (victoria del Thunder por 4-2). Si bien el ethos de ambos conjuntos sigue siendo el mismo, cuatro años en la NBA es una eternidad y cada uno ha sufrido modificaciones, tanto sus planteles como en ciertas facetas de sus esquemas de juego.

Año tras año, el Thunder sigue dependiendo pura y exclusivamente de Kevin Durant y Russell Westbrook. Desde el canje que envió a James Harden -presente en 2012 pero ausente en 2014, cuando los Spurs se tomaron revancha en la Final de Conferencia (también en seis juegos)- a Houston, ningún jugador de OKC ha logrado tener éxito en el rol del barbudo.

Westbrook y Durant van a tener la bola en sus manos. Eso nunca va a cambiar. Harden era extremadamente valioso porque sabía cómo capitalizar los momentos en los cuales una (o dos) de las dos mega-estrellas iba al banco para mantener al equipo a flote. Sin un tercer dominador de pelota, las defensas pueden enfocar su atención enteramente en Durant y Westbrook.

Dallas, defiendo como si Roberson ni existiese

Una de las principales virtudes de este equipo es su capacidad rebotera. Steven Adams y Serge Ibaka constituyen una gran pareja de internos. Enes Kanter es una máquina que suma puntos y rebotes desde el banco (por más que odie su estilo de juego y que no pueda defender a nadie). El problema, antes para Scott Brooks y hoy para Billy Donovan, es que Oklahoma City no puede encajar un quinteto que tenga sentido en todas las áreas.

Westbrook, Durant, Ibaka y uno entre Adams/Kanter. Ahí tenemos cuatro. Dos excelentes jugadores y dos complementos de gran nivel. Dion Waiters, Kyle Singler, Randy Foye, Andre Roberson, Cameron Payne y Anthony Morrow son los hombres de relleno, todos con deficiencias fácilmente explotables.

SAS

Contrario a su rival de turno, los Spurs han sabido adaptarse a sus necesidades, mezclando dos estilos opuestos en la era Gregg Popovich/Tim Duncan. Desde 1997 hasta 2010/11, en San Antonio se jugaba, básicamente, a defender con uñas y dientes, recuperar la posesión bajo cualquier concepto y darle la pelota a Duncan en el poste bajo. Un día, Popovich decidió patear el tablero y darle rienda suelta a Tony Parker.

El base francés funcionó como la cabeza de serpiente de un formidable esquema ofensivo, basado en un incesante movimiento colectivo, un constante movimiento de balón y un volumen y eficiencia en tiros de tres puntos. No debería hacer falta remarcar que los Spurs siguieron ganando, sin importar el año o el sistema de juego particular.

Para la versión 2015/16 de esta franquicia, Popovich ha intentado extraer partes de estos dos grandes conceptos de ataque y defensa e instaurarlos en un plantel que, por primera vez dos décadas, no tiene como líderes a Duncan, Parker o Manu Ginóbili.

Es cierto: una de las ventajas que posee San Antonio sobre su rival es la versatilidad de su plantilla, sabiendo que, en cualquier partido, un jugador de rol puede exceder las expectativas puestas sobre él. Dicho esto, Kawhi Leonard y LaMarcus Aldridge serán quienes -mayormente- determinen el futuro de este equipo.


Leonard es el vivo ejemplo de un talento que ha utilizado cada minuto en cancha (y fuera de ella) para crecer y expandir sus habilidades. El alero pasó de ser un especialista en defensa a un terror en ataque, convirtiéndose en el basquetbolista más completo de la NBA. En LA era “triplera”, Aldridge es un extraterrestre, ya que su área de confort reside entre la pintura y la línea de tres puntos.

El cruce

A grandes rasgos, esta serie es un choque de estilos opuestos. No es algo nuevo; lo mismo ha sucedido cada vez que se han enfrentado estos dos equipos. Sea por temporada regular o en sus dos duelos de Playoffs, los Spurs-Thunder suelen ser tan previsibles como intensamente emocionantes.

Siempre que Oklahoma City salga a la cancha, lo hará con dos de los mejores tres jugadores que pisen el parquet ese día. Tal es el lujo de contar con Durant y Westbrook (dos de los mejores siete jugadores de la NBA, en mi estima) en el mismo equipo.

Sin embargo, los Spurs pueden, al menos, ofrecer más resistencia que la mayoría. En Leonard y Danny Green, San Antonio tiene un par de defensores espectaculares, capaces de intercambiar marcas entre sí, factor clave en las jugadas que involucren a Durant cortinando para Westbrook (o viceversa).


El base de OKC no es un humano. Por más que Green, Parker o Patty Mills intente contenerlo, Westbrook va a lograr quebrar la defensa de San Antonio. Duncan, todavía un excelente protector del aro, servirá como la última línea y Aldridge, capaz de emparejarse (por momentos) con jugadores más rápidos que él, significa otra barrera que el Thunder deberá cruzar.

De todas formas, tal como lo hizo Dallas en la foto anterior, la atención de los Spurs estará fijada en las dos superestrellas, invitando a que Ibaka, Kanter y Roberson (entre otros) lancen tiros de media distancia. Esta estrategia también se aplicará para Westbrook, uno de los peores tripleros si se tiene en cuenta la cantidad de tiros que toma. Tirá tranquilo, Russ.

Leonard, completamente ignorando a Westbrook, invitando a que el base de OKC tire el triple

Todo lo que puedan aportar Kanter y Waiters desde el banco no se compara con el arsenal que tiene Popovich a su disposición. El trío de Ginóbili/Mills/Boris Diaw, acompañado de David West y un quinto hombre (generalmente, Leonard o Kyle Anderson) conforma la alineación que mejor representa ese movimiento de balón y de jugador que liquidó a Miami Heat en las Finales de 2014.

Y cuidado con el gigante Boban Marjanovic, hasta aquí utilizado únicamente cuando el encuentro ya está definido. “El Feo” (cariñosamente) podría tener una posibilidad real de impactar la serie, emparejado con Kanter, en un duelo de ‘apariencias’ como nunca se ha visto en el deporte.

Prediction Time

Más allá de mis miedos personales (ya que, tranquilamente, esta podría ser la última serie de Manu en la NBA), la capacidad atlética de Oklahoma City asusta a cualquier rival. Casualmente, los Spurs no se caracterizan por su frenesí, aunque en los últimos años han encontrado jugadores -Leonard, Green, Mills y hasta Jonathon Simmons- que pueden adaptarse a un ritmo de juego frenético.

Por donde se la mire, la temporada regular de San Antonio ha sido absolutamente brillante. De no ser por los Warriors, se hubiese hecho más revuelo sobre lo hecho por los Silver&Black. Aunque, claro, ellos lo prefieren así. Este es un equipo con las herramientas para ganarle a cualquiera.

Obviamente, una noche inspirada de Durant y Westbrook alcanza para ganar un partido y complicar las cosas. Aun así, creo que las variantes que ofrecen los Spurs, tanto en ataque como defensa, más una ventaja de localía importante -sólo perdieron un partido- pondrá a los hombres de Popovich en las Finales del Oeste. Spurs 4-3.

17 abr 2016

Kobe, para mí


El miércoles pasado se retiró Kobe Bean Bryant, cinco veces campeón de la NBA con Los Angeles Lakers, tercer máximo anotador en la historia de la liga (detrás de Karl Malone y Kareem Abdul-Jabbar) y uno de los 15 mejores jugadores que alguna vez pisaron una cancha de básquet.

Ahí, en el primer párrafo, es donde terminan los hechos. Acá, en el segundo y en el resto del texto, es donde empieza la opinión. Se podría agregar una centena de datos sobre la carrera de Bryant, desde la cantidad de triples que encestó hasta el porcentaje de sus tiros de campo en los últimos dos minutos de un paritdo, pero sería irrelevante para el punto que quiero desarrollar.

Otros dirán: "¿Cómo podés afirmar que Kobe es uno de los 15 mejores de la historia, si no existe un ránking oficial?" A ellos, les repondo con honestidad brutal: yo odié a Kobe Bryant durante toda su carrera. 



Lógicamente, no lo odio a él como persona. Aunque, pensándolo mejor, no estoy tan seguro. En el deporte -como en la vida, si me puedo poner filosófico por un momento-, el amor y el odio son difíciles de explicar. Mi odio hacia Kobe se entiende desde la mirada de un hincha (primero) y desde lo que su carrera representó para uno de mis deportes preferidos (segundo).

Como ferviente seguidor de San Antonio Spurs, deseé en numeradas ocasiones que Bryant, acérrimo rival que tantas veces le complicó la vida a mis Spurs, fracasara. No hacía falta que se enfrenten Lakers y Spurs; siempre quise que le vaya mal a Kobe. Si San Antonio no podía ganar, aunque sea que pierdan los Lakers.

Desde un punto de vista más 'purista', nunca pude apreciar -si bien pude reconcer- su grandeza. Algunos términos con los que supe describir a Kobe: inidividualista, soberbio, egoísta con sus compañeros y consigo mismo (por haber firmado un contrato que le impediría pelear por un campeonato, su único objetivo, según sus propias declaraciones), entre otros.

Entonces, razonaba, que la mera existencia de Kobe le hacía mal a la NBA. Si Kobe no iba a pasar la bola como los Spurs, entonces que junte su guita y se vaya. No lo necesitamos. Como verán, mi odio al "personaje" era más que al basquetbolista en sí. No necesité conocerlo -ni necesité que cometa un acto verdaderamente punible- para odiar a Kobe.

Pero, para contestar (cuatro párrafos después) la pregunta original, creo que debe existir un límite para la subjetividad. Negar el hecho, y para mí es un hecho, de que Bryant es uno de los 15 mejores jugadores en la historia de la NBA representaría un acto irresponsable de mi parte, si es que me considero periodista.

Entiendo que mi apreciación sobre Kobe Bryant no es universal. En la última semana de su actividad profesional, se ha escrito, hablado y (especialmente) tuiteado ad nauseam respecto de lo que significa Kobe. Particularmente, elegí mirar para otro lado, a tal punto que, en la noche de su último partido, mi intención era ver el encuentro de Golden State Warriors, en búsqueda del mejor récord en la historia de la temporada regular.



Puedo argumentar porqué terminé viendo a Kobe -y porqué me emocioné como lo hice. Por un lado, los Warriors superaron a su rival (Memphis Grizzlies) casi sin transpirar. Mientras, en el Staples Center, el ego de Kobe lo llevó a tirar cualquier pelota que pasase por sus manos, anotando 60 puntos en 50 intentos de campo, incluyendo un game-winner con menos de un minuto en el reloj.

La parte que me escapa es el motivo por el cual me encontré celebrando este "Hollywood-esco" final de la carrera de Kobe. Después de pasar tantos años deseando que las cosas le salgan mal, acá estaba, agarrándome la cabeza con cada anotación del odioso este.

Es posible que la emotividad del momento se haya impuesto por sobre mi lógica. Quizás, la realización de que una de mis principales fuentes de odio se iba a esfumar me generó, aunque sea por una noche, una sensación que nunca creí posible: amar a Kobe Bean Bryant. 

28 jul 2015

Una guía informal sobre la temporada de agentes libres


Aight people, we are back in business.

Este no es un blog de información. Tampoco es pura y exclusivamente de opinión, creo. Desde que arranqué a escribir acá, fui alternando mis ideas. Redactando algunas notas, intenté mantener un estilo formal e informativo, mientras que otras veces -cuando mi cabeza me lo permitió- busqué ser más directo. 

Muchas veces me pasó de cambiar los estilos en el mismo texto (ni te cuento las peleas internas que tuve, tengo y tendré cuando me vuelva a pasar), sin saber con cual quedarme. Pero, por lo menos en este aspecto, puedo decir que estoy completamente seguro: este no es un blog de información.

Pasó un tiempito desde que escribí por última vez. Como sabrán, Golden State Warriors fue un merecido campeón (ésta me pareció una buena forma de entender cómo se arma una franquicia ganadora), superando a Cleveland Cavaliers por 4-2.

Una semana después, vino el Draft. Minnesota Timberwolves eligió a Karl-Anthony Towns con la primera selección. Towns juega de pivot que ya cuenta con capacidades defensivas de alto nivel y tiene el potencial para convertirse en una bestia en ataque. En Minnesota, formara parte de un dúo interesante con Andrew Wiggins (alero y 1ª pick del Draft del año pasado). Igual, en el Oeste, es casi imposible que siquiera peleen por entrar a Playoffs.

Me fui por las ramas. El Draft pasó hace más de un mes. Lo realmente importante empezó con el primer día del mes de Julio. A las 00:00:00 del mes siete, un montón de jugadores, algunos muy buenos, otros buenos y otros del montón -valga la hermosa redundancia que metí sin querer- se convirtieron en agentes libres.

¿Qué @#!+* significa un agente libre? Fácil: que puede firmar con el equipo que quiera. Tres reglas a tener en cuenta para entender este juego:

1-Si un jugador es agente libre restringido, significa que su equipo (donde sea que haya terminado la temporada pasada) tiene el derecho de igualar cualquier oferta que le hagan otras franquicias. Entonces, si el equipo dueño del pase decide, puede retener a su agente libre sí o sí. 

2-Las franquicias operan bajo un tope salarial y un límite de lujo. Básicamente, éstos términos son cantidades de $$$ que puede gastar un equipo. Si te pasás del tope salarial, perdés algunos beneficios que podrías ofrecerle a agentes libres (que, a la vez, sí les pueden ofrecer equipos que estén debajo del tope). 

Si te pasás del límite de lujo, tenés que pagarle impuestos a la NBA. Mientras más guita gastes, más aumentan los impuestos. Si, al pasar los años, una franquicia se sigue pasando del límite, le meten unos impuestos de puta madre. Para que te des una idea: en 2014, los contratos de todo el plantel de Brooklyn Nets sumaban un total de 101 millones de dólares. Sólo por impuestos, los Nets tuvieron que pagar 83. Mamita. 

3-Además del derecho mencionado en la regla 1, los clubes pueden ofrecerle más plata y, en algunos casos, más años de contrato, a los agentes libres que hayan jugado la última temporada con ellos. Por último (bancame que esto es importante): un equipo SÓLO puede pasarse del tope salarial firmando a un jugador propio (o sea, que haya jugado la temporada pasada en la misma franquicia). 


Antes que nada, como dije al principio, este no es un blog de información. Por eso, no voy a referirme a todos y cada uno de los agentes libres, que son más de 150 si no me equivoco. Tampoco voy a analizar todos los canjes que ocurrieron en este mes (más de 25). Para eso, les dejo dos links a continuación. En inglés, la gente de SBNation se merece un monumento por armar esto. 

De otra forma, más tipo cuadro conceptual, los fenómenos de somosbasket también hicieron un excelente laburo. Ahora sí, veamos que joraca pasó en este mercado de pases.


Hogar, dulce hogar

Como suele suceder, gran parte de las estrellas se quedaron en sus respectivas casas. Ante la sorpresa de nadie, LeBron James renovó con Cleveland por un año. El caso de James es singular, ya que la longitud de este vínculo significa que volverá a ser agente libre el año que viene, cuando el tope salarial (y por ende, los contratos de los jugadores) aumentará exponencialmente.

Para que quede más claro: en la temporada 2016/17 entra en acción el nuevo contrato televisivo que la NBA firmó con ESPN y TNT. El flujo de dinero que va a entrar en el sistema de la liga es tan grande que el tope salarial va a pasar de 70 millones -este año- a 90. Si se cumplen las proyecciones, llegará a 110 millones dentro de dos años.

Esto significa, obviamente, que los jugadores deberían querer ser agentes libres YA, porque después de 2018, el tope podría volver a bajar. Por eso LeBron y Dwyane Wade (sigue con Miami) arreglaron por una temporada. Para seguir juntándola con pala.

Las vacas de Wade, Chris Paul y LeBron

Sin embargo, otros jugadores optaron por la seguridad financiera de un contrato largo. Tiene sentido: si alguno de los que firmo por corto plazo se lesiona, pierde valor en el mercado. Por eso, cracks como Kawhi Leonard (Spurs), Marc Gasol (Grizzlies), Kevin Love (Cavaliers), Draymond Green (Warriors), Jimmy Butler (Bulls), Goran Dragic (Miami), Khris Middleton (Bucks), Brandon Knight (Suns) y Reggie Jackson (Pistons) extendieron sus vínculos con sus respectivos equipos por cinco años, el máximo disponible. Además, Paul Millsap (Hawks), Patrick Beverly (Rockets) e Iman Shumpert (Cavs) también renovaron por tres, cuatro y cuatro temporadas, respectivamente.

Bueno, lo de Jackson es medio raro. Detroit le ofreció cinco años y 80 millones, un número altísimo para un jugador de su calibre, sin que hayan demasiados otros interesados. Igual, todo tiene una explicación: como dije, el tope salarial va a aumentar. Entonces, contratos que hoy parecen caros -como el de Jackson, el de Enes Kanter (volvió a Oklahoma City por 4 años y 70 millones), el de Tobias Harris (4 y 64 para retornar a Orlando) o el de Brook Lopez (3 y 60 para quedarse en Brooklyn)- no lo serán en 2016.

Por último, me quedaron mis Spurs. Danny Green resignó ofertas que lo hubiesen hecho más rico y firmó con San Antonio por cuatro años y 45 millones. Tim Duncan (DUH a lo que voy a decir) resignó plata otra vez y volverá por dos años y 10.5 millones. No se si Manu resignó plata, pero a quien carajo le importa. Ginóbili también continuará en los Spurs por un año más. 
En realidad firmó por dos temporadas, pero lo más probable es que se retire después de la próxima. Igual, hace de cuenta que no lo leíste.

El hitazo del verano

Full disclosure: éste iba a ser el título de la columna. No se a ustedes, pero a mi me encantó. Todos los veranos (porque allá, en USA, es verano), la atención del mundo NBA está puesta en alguna estrella. LeBron y su "Decision", Dwight Howard decidiendo, a último momento, dejar en banda a los Lakers (gracias Dwight, te banco) y muchas otras más. Ni que hablar de la que le espera a Kevin Durant el año que viene, pero eso será tema para otro día.

En este mercado de pases, EL hombre en cuestión fue LaMarcus Aldridge. El ala-pivot de Portland Trail Blazers, una verdadera máquina anotadora de canastas que, además, defiende mejor de lo que aparenta. Aldridge se reunió con más de seis franquicias y, luego de algunos días, anunció que iría a Phoenix Suns o a San Antonio.


Fíjense el peso que tienen las estrellas. La mera posibilidad de conseguir una forzó a que ambas franquicias realicen canjes que no las beneficiaban, solamente porque necesitaban el espacio dentro del tope salarial para firmar a Aldridge, que cuesta caro. Los Spurs enviaron a Tiago Splitter, titular en el equipo campeón de 2014, a Atlanta. Los Suns mandaron a Marcus Morris, Reggie Bullock y Danny Granger, tres jugadores que hubiesen estado dentro de la rotación, a Detroit, por, simplemente, nada.

Finalmente, Aldridge eligió a San Antonio (cuatro temporadas y 84 millones), una ciudad que no está acostumbrada a ser el destino favorito de las máximas figuras de la NBA. Y los pobres de Phoenix, a llorar a la iglesia.

Los que se fueron

A pesar de que la mayoría se quedaron, eso no significa que no hubo movimiento. El nombre de mayor peso que cambio de equipo fue Greg Monroe, quien pasó de los Pistons a los Bucks. El pivot, que analizó mudarse al glamour de L.A -se reunió con los Lakers- o a la Gran Manzana (Knicks), terminó eligiendo la super-mega-metrópolis de Milwaukee (chiste, por si no se entendió).

Che, ahora que nombré a los dos gigantes -Los Ángeles Lakers y New York Knicks- me doy cuenta que se parecen bastante. Ambos tienen un gran jugador -Kobe Bryant y Carmelo Anthony- al que le gusta tirar mucho al aro y que ya ha visto pasar sus mejores años. Ambos han fallado en sus intentos por traer a otro crack en los últimos dos mercados de pase. Ambos han depositado su fe en un novato -D´Angelo Russell y Kristaps Porzingis- elegido en los primeros cuatro puestos del Draft.

Porzingis defendiendo a Russell

Y, después de un largo rato, ambos hicieron las cosas bien. Los Lakers adquirieron a Roy Hibbert de Indiana y obtuvieron los pases de Lou Williams y Brandon Bass (ambos eran agentes libres). Los Knicks trajeron a Robin Lopez, Aaron Afflalo y Derrick Williams. A ver, ninguno de éstos seis nombres merecen tirar la casa por la ventana, pero todos sus contratos son razonables y podrían contribuir de buena manera en esta temporada.

Otros traspasos que suman: Monta Ellis a los Pacers, DeMarre Carroll, Luís Scola y Cory Joseph a Toronto Raptors, Brandan Wright a Memphis Grizzlies, Tyson Chandler a Phoenix -que por lo menos tuvo un premio consuelo- y David West a los Spurs. West, que tenía la opción de volver a Indiana por 12 millones, arregló con San Antonio por alrededor de un millón! El tipo resignó 11 palos verdes, me entendés!!!

Hace apenas unos días, Houston Rockets consiguió hacerse de los servicios de Ty Lawson, base de Denver Nuggets. Lawson se encuentra en rehabilitación por problemas alcohólicos, pero si logra reponerse sería una pieza fundamental en el equipo que dirige Kevin McHale.

Cierro con las dos historias más cómicas del mercado. Primero: Sacramento Kings.....Que, ya deberías estar cagandote de risa. Los Kings son un circo: su dueño, Vivek Ranadive, quiere que jueguen 4 contra 5 en defensa (esto es real, te lo juro), ya despidió como a tres técnicos y dos mánagers y ahora contrató como GM a Vlade Divac, un ex jugador con 0 experiencia en el área.

Como era de esperar, Vlade no arrancó su carrera como mánager con el pie derecho. Los Kings enviaron a Nik Stauskas (11º elección en el Draft del año pasado), Carl Landry y Jason Thompson a Philadelphia 76ers. Obvio, por nada a cambio. Obvio, además incluyeron una futura selección de PRIMERA ronda. Obvio, además le dieron la opción a los 76ers de rotar posiciones en dos Drafts distintos. 

¿Qué significa lo último? Ponele, si Sacramento elige en el 5to puesto y Philadelphia en el 9no, Philly puede cambiar. Parece una boludes, pero hace un par de años Brooklyn y Atlanta hicieron un canje similar. ¿Cuál fue el resultado? Los Hawks, que hubiesen elegido 29º según su récord, lo hicieron en el puesto número 15.

Volviendo al tema: con el espacio que generó este horrendo canje, los Kings firmaron a Marco Bellinelli, Kosta Koufos y Rajon Rondo. De nuevo, ninguno de ellos es malo, pero tampoco ameritan el gasto que tuvo que realizar la franquicia. Con suerte, pelearán por entrar a Playoffs en el Oeste.

BOLUDO, VISTE TWITTER?

Es que yo no puedo más, chabón. Cómo no voy a cerrar con esta historia. La saga ocurrida entre Dallas Mavericks, Los Ángeles Clippers y DeAndre Jordan fue épica. Aunque todos los actores de esta novela digan que la realidad no fue tan divertida como creemos, yo la pasé bárbaro. Esta todo acá, en la crónica del miércoles 8 de julio, el mejor día en la historia de Twitter.

Antes del caso de Jordan, ambas franquicias habían realizado contrataciones interesantes. Los Clippers adquirieron a Lance Stephenson (de Charlotte Hornets), a cambio de Spencer Hawes y Matt Barnes, quien luego fue traspasado a Memphis. Además, Doc Rivers se volvió a juntar con Paul Pierce. El veterano (era agente libre) jugará en Los Ángeles por tres temporadas, si es que llega a la tercera. Ah, y además se quedaron con Pablo Prigioni :)

Los Mavericks se la jugaron por Wes Matthews. El ex escolta de Portland se rompió el Tendón de Aquiles -una de las lesiones más complicadas para un basquetbolista- durante la temporada pasada, pero aún así logró obtener un contrato por cuatro años y 70 millones. Si logra recuperar su nivel, será una gran adición.

Una imagen...

En Dallas, siempre se aspira a un campeonato. Esa es la cultura que crearon Mark Cuban, Rick Carlisle y Dirk Nowitzki, en sus roles de dueño, entrenador y jugador estrella. Por eso, cuando DeAndre Jordan les comunicó que formaría parte del equipo, todos se ilusionaron. Un quinteto compuesto por Devin Harris, Matthews, Chandler Parsons, Nowitzki y Jordan podría competir con los mejores conjuntos del Oeste.

Sin embargo, el pivot de los Clippers no se animó a dejar a su franquicia y cambió de parecer, a pesar de haber acordado de palabra con los Mavericks. Esto fue posible gracias a la existencia del período de moratoria. Este período es una cláusula de la NBA que, básicamente,  no permite que ningún jugador firme un contrato oficial hasta que haya transcurrido una semana desde el inicio del período de agentes libres (1º de Julio).

Bueno, eso fue un poco de lo que anduvo pasando. Perdón a los hinchas de los Celtics, Wizards, Nuggets, Pelicans y otros equipos. Por suerte, sobra el tiempo para analizar. Se me ocurrieron diezmil maneras de armar esta columna y termino saliendo esta. Ni se si me gustó o no. De lo único que estoy seguro, otra vez, es que este no es un blog de información.